viernes, 25 de noviembre de 2011

En 3 palabras

Un gato en el tejado, un botón y una ardilla, con estas tres cosas podría escribir un relato de esos adornados con vacuos acontecimientos y personajes desencajados y vueltos a juntar, como muñecos rotos entre las teclas. El silencio es apabullante en la biblioteca, el aliento podría cortar el aire entre el frío y la intensidad de los pensamientos. [...] Ahora es por la tarde y ya no me gusta jugar al mismo juego de antes. [...]  Todo se ve diferente al atravesar la ventana, los ojos empañados por la humedad del aire y la energía que acompaña mis movimientos, tan poco habitual, me deja poco espacio para entretenerme en cosas fútiles. De cualquier modo, hace varios días que no me encuentro muy bien: mi piel se ve pálida, la mirada perdida, la sonrisa muerta; y,
entre todos estos jirones de días que llegaran a su fin, el hilo de la trama se desenreda mientras tecleo. Mi gato camina sobre las letras cuando ya lo he obviado. La luz no me deja escribir, me ciega rotundamente; me levanto para cerrar las contras de la casa vieja, la misma en la que se quedó ella, sola, como deben estarlo los asesinos de almas.

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