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domingo, 8 de septiembre de 2013
Flores
El niño cayó por la vertiente del tejado. Margot sacudió la cabeza y empezó a perder el pelo en mechones que flotaban con el viento y se dispersaban y danzaban, revoloteando entre la ropa tendida, convertidos en flores. Rafael lloró por la muerte. Nadie debía morir, y... un niño... La adulación hacia su señor cayó. Margot abrió los brazos, los extendió hasta el infinito, describió con ellos círculos amplios, como bailando. Loca, se dejó caer por la cornisa del mejor pararrayos de todos los tiempos. Nube de plata supo que nunca dejarían de encontrarse, fuera donde fuese.
Y, ahora, todo es celular, artificial, técnico, poco digestivo.
-¿Te refieres a la comida, tipo?
Margot seguía girando hasta el vómito.
-¿Resucitó el niño? -pregunto el compañero de mesa.
-Nunca cayó en realidad -contestó Víctor, luego se ciñó a consumir los espagueti.
viernes, 26 de julio de 2013
Hojalatas End (Volviendo de Oz)
en el final del mundo, cuando ya no podía encontrar nada más, se alzó una roca gigantesca. Tenía boca y ojos y hablaba con un corazón de hojalata incrustado en el centro. Debía medir unos cuarenta pies. Por un momento creí que podría devorarme. Se limitó a contarme que, detrás de todas las montañas metálicas, había un mundo nuevo.
-¿Nuevo? -pregunté.
-A veces lo nuevo asusta -dijo.
Yo observaba el corazón metálico, que, al bombear, recreaba esos sonidos enigmáticos. Todos esos crash y crus y bis y tizssss... todos esos sonidos tan escasos como diferentes, abstraído por completo de mis pies y los ladrillos amarillos.
-¿No te parece infantil?
-¿La historia?Mucho. Pero todas las historias van hacia algún lugar y no son siempre para niños o adultos, en ocasiones se mezclan tantas equivalencias con la rutina que nadie puede decidir con imparcialidad si dejarlas de este o aqueste lado, esa es la virtud.
-¿La virtud de qué? -pregunté, inocente como un querubín.
-Pues no sé... la fina línea que separa los cuentos del relato para adultos; síguela y tal vez te encuentres en un motel de carretera.
(c) Raquel Sequeiro, 2013
miércoles, 27 de junio de 2012
Erik-A
Se lo arrancó de la mano a Erik-A. Erik-A se sintió confusa.
-¿No ves que está rota, no lo ves? ¿No ves que está rota?- repitió.
El hombre alto, de cabello negro y oscuro, vestido de cuero negro de los pies a la cabeza, no le hizo mucho caso. Se entretuvo en dilapidar el tiempo agitando el comunicador de luz arriba y abajo.
-Como si fuera nuestro amigo... -dijo la chica con inocencia.-No vale para nada, ese tampoco ayuda una mierda. ¿Has visto lo que hicieron con los que bajaron por la otra escalera?
-Nadie te ordenó meterte en la casa y menos en la casa gótica. Deja de girar; no es lo tuyo, parece.
-Ni que yo hubiese creado tantas puertas- protestó.
lunes, 18 de junio de 2012
Erik-A
Las sombras alargadas no se detuvieron.
Erik-A se preguntó durante un rato dónde estaba la luz roja. La esfera goteaba un líquido caliente y espeso, que le resbalaba por las manos pálidas y huesudas.
-Está rota- se quejó Erik-A.
-Era previsible- dijo Erik.
-¿Dónde estamos?
miércoles, 13 de junio de 2012
Red Planet WE 52
Bajó de la nave, con el caso, los "auris" y las pilas del hombre de hojalata.
-Abre la boca y traga.
-Trago- dijo él-, ¿pero cuánto van a tardar en traer uno nuevo?
-Un poco-. Las pilas cayeron hasta el estómago.
Ella estiró los brazos hacia el cielo blanco, escrutando el entorno nebuloso.
-Uno de los planetas más raros y peculiares que he visto. No estaría mal que el de verde se despertara y nos hiciera compañía.
-La empatía personificada. Creo- observó con sinceridad Betanea- que los ajustes que van a hacerte serán geniales.
-Geniales. Hace un instante estábamos a punto de explotar junto con la nave y no se te ocurre otra cosa que pensar en mis ajustes. No entiendo cómo crees que vamos a volver, si es que los de la Organización Alfa están redefiniendo nuestro rescate.
-Mira eso.
La chica señaló entre la niebla blanca y espesa.
La agudeza visual de la rubia de silicona era todo un hito entre los del departamento de robotizaciones. Claro que su reconstrucción era un misterio absoluto para todos excepto para el de hojalata, que había compartido piso, habitación y cama con ella y conocía unos cuantos detalles al margen del dosier computal de investigación -añadamos que sobre cómo y por qué se encontraban en el planeta Tierra tampoco era un asunto de su incumbencia- ; sobre lo demás contaba con una cátedra abrillantada y un salón de los espaciosos para sus conferencias interestelares.
Betanea piso una mazorca. Podrida, ennegrecida y atacada por unos cuantos microorganismos y hongos.
-¿Qué es lo que has visto entre la niebla?
Los pasos de Betanea se volvieron inseguros. Nada podría hacerla hablar, nada en absoluto.
Visibles, las ondas electromagnéticas del caso ampliaron la distancia entre la chica y el androide. El arma ennegrecida le recordó el ataque de Anfibios, aunque lo que creyó ver en esta ocasión no guardaba relación con Kara, ni con Circadia, ni con Anóon.
- ¿Quieres explicarme algo?
-Calla-. Betanea opuso una mano contra su cara, un par de centímetros por detrás; una mano blanca, enguantada, la mano de una muñeca. Se detuvo y la respiración salió fría, dejando un vaho azulado en el aire.
Hacía mucho que el planeta rojo era rojo, cuando, en realidad, la posibilidad de que los libros antiguos dijesen la verdad y el astro enclavado entre las cuatro galaxias clónicas fuese arcilla y agua y metano , hidrógeno, océanos azules y vastos desiertos, no era nada remota; Betanea no lo sabía. En su inutilidad, el hombre de hojalata, que perseguía borrar de su mente el cuchillo, las ondas, las estructuras moleculares ambivalentes, los chackras y el aura de la chica de estructura decimonónica, con botas de Barbie ochentera, bostezó. Dejó caer de entre los dientes un par de cápsulas amarillas, las recogió en la mano dorada, las apretujó y las disolvió. Unas cuantas gotas de líquido se escurrieron entre los dedos cortos, tubulares, con las uñas marcadas en el metal, cuadradas y planas.
Apenas lograron ver nada hasta sobrepasar los diez kilómetros; donde las nubes densas se bifurcaban y
TR32 seguía pensado en qué diantres había visto su compañera, después de quedarse parada justo delante de la mazorca.
No era habitual encontrar rastros humanos, de flora o de fauna en los planetas que visitaban: el circuito WE estaba cerrado hacía milenios, la civilización compuesta por otros paradigmas, axiomas y formas de vida aleatorias, cuando no artificales.
martes, 12 de junio de 2012
Red Planet WE 52 Capítulo 1
-Derechito a la caja de mandos.
- Lo que tú digas.
-Informa a la base, realiza las mediciones y no olvides el chaleco reflectante.
-Claro, capulla.El chaleco reflectante y las balas de plata. ¿Cuántos dijiste que había?
-Eeeeeeh.... ¿Cuatro?
La sonrisa de Betanea acentuó la apariencia gomosa de la piel. El hombre de hojalata fue el primero en bajar de la nave.
-Sector 2 inspeccionado- dijo Betanea-. Nos dirigimos hacia el cráter 1 de la zona roja. Detengo la conexión en este punto. Estado de la nave: irreparable. Estado de la tripulación actual: sin bajas; dinámico estado de transmigración de cuerpo del hombre maleta; teletrasporten una nueva estructrua cuanto antes, porque no creo que aguante otro viaje.
Anotaciones: Viaje movidito, estrellamiento confuso contra la superficie terrestre; intento de recomposición de aura casi terminado. Bajas en la expedición: Una. El hombre verde necesita un trasfundimiento de sangre. Proseguimos el rastreo de los Anfibios.
martes, 20 de marzo de 2012
Erik-A
Pero Erik-A era algo más que una buscadora, algo más que una superviviente, Erik-A era una cazadora. La caja se abrió con facilidad y le enseñó todas los elementos que el ente no podía ver. Su mente de química los clasifico en un segundo, los separó por densidades, los balanceó, los midió y los volteó. El compuesto perfecto apareció ante ella con su sublime ardor de fuego y su inestable equilibrio. Intentó no moverse para no perforar la esfera. Tendría que transportarla escaleras abajo, y eso no era nada sencillo: como mantener un huevo sobre una cuchara con los ojos vendados.
domingo, 19 de febrero de 2012
Red Planet WE 52
-Deja el cuchillo... cuchillo... ¿dónde está el cu-chillo? ¿dónde está?..
-Tranquilo, hombre de hojalata, que yo te consigo uno nuevo. Tanta preocupación por perderlo.-Le dio un golpe fuerte entre las costillas.-Ojos en blanco, mirada perdida, latido del corazón inexistente: tienes todos los síntomas.
-¿Todos los síntomas, todos los síntomas de qué?
jueves, 9 de febrero de 2012
Red Planet WE 52
¡Joder, coño! El puto cuchillo. ¿Quién te ha dicho que puedes reconstruirla así?
- Es mi aura, de rojo, la desangro como me da la puta gana.
El hombre herrumbroso la miró con desdén. Nunca había comprendido a su compañera: extraña, rubia, imbécil e hipocondríaca. Desconocía si se trataba de un fallo de fabricación por exceso de silicona, y si, además, el puto casco eléctrico le había jodido todas las neuronas.
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