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domingo, 27 de enero de 2013
Muñecos mecánicos
Era el descendiente de una larga estirpe de jugueteros: Entre el siglo XII y el XVII, todos habían sido famosos, August sólo era August. August vivía en un sótano y se alimentaba de sandwichs. August había sido sacerdote, carnicero, cartero y trovador en la Isla de Pascua. August tenía ciento quince años.
-¿Tantos?
-No eran muchos.
-No eran muchos, si tenemos en cuenta que vivió ciento cuarenta y cuatro; pero quién era August.
-Abre el documento.
-Sólo 2000 páginas en pdf, no creo que tarde en leerlas ni dos semanas. ¿Aquí encontraré las respuestas?
-Sí. Posiblemente. August construía muñecos mecánicos.
-Pero los muñecos mecánicos existen desde
-Sí, lo sé -imterrumpió-. Desde los albores.
Cenicienta se sonrojó.
-Son ya las doce, Cenicienta, y tu lecho te espera. Mañana podrás leerlo.
-Pero -protestó Cenicienta frunciendo el ceño.
-No arrugues el ceño que no te querrá ningún príncipe.
Cenicienta rió y se cambio la ropa. El camisón le llegaba a los pies, se abría y se extendía tanto que no podía caminar.
-Me recuerda a algo -dijo Cenicienta, mirando hacia abajo; y se sintió pequeña. Pequeña y conmovida por la historia. Conmocionada por el asesinato del juguetero. Se tumbó en la cama, se arropó entre las mantas, se tiñó de rosa su pelo y se mojaron los labios de crema de fresa.
-Cenicienta -susurró el ratón-. Yo sé que le sucedió al juguetero, y conozco desde hace mucho como son sus juguetes. Dame un lápiz -el ratoncito arrastraba un papel gigante.
-Déjame espacio, ratoncito. Pretendes ocupar toda la almohada.
-Nunca, jamás, toda la almohada es muy grande.
Se durmió Cenicienta sin querer, y el ratoncito se fue a buscar al hada de los cuentos.
-Duerme a pierna suelta y , sin embargo...
-Le ha contado que fue asesinado, ¿cierto?
-Cierto -dijo el ratón.
-Pues sube rápido, ratoncito, o la princesa tendrá pesadillas. No las tendrá hoy, ni ayer, ni antes de ayer -. El hada voló lejos, se alejó del árbol de hojas brillantes y rojas y tronco de asfalto.
-¿Y qué pasó con los relojes?
miércoles, 26 de diciembre de 2012
En la tienda de Casi-Tom Holl
Es impensable, Casi-Tom Holl, que la niña se haya llevado una muñeca. Es tétrico, Casi-Tom Holl.
Casi- Tom Holl no dijo nada. Volvió a la parte de atrás de la tienda y siguió fabricando muñecos de paja. Rebeca acudió a la tienda de Casi-Tom a la mañana siguiente. La muñeca había crecido tanto, tanto, que ya no cabía en la casa. Había crecido en edad, lo cual era bueno, porque acompañaba a su hermano cuando ella estaba en la escuela, pero había crecido en tamaño, lo cual era malo, porque ya las piernas salían por las ventanas, y el pelo por la chimenea, y allí no cabía ni un alfiler. Tom Hollow le cambió la muñeca por un tren que le llevaría a cualquier parte. ¿A cualquier parte que yo quiera, pregunto Rebeca?
martes, 25 de diciembre de 2012
En la tienda de Casi-Tom Holl(...)
Érase una vez un hombre de paja. Uno de esos monigotes que te encuentras en las tiendas medievales ensartado en un soporte para muñecos.
El juguetero era un hombre gruñón y sin pelo. El juguetero tenía un montón de hombres de paja, todos repetidos, en la trastienda.
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