Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas

viernes, 26 de julio de 2013

Hojalatas End (Volviendo de Oz)


en el final del mundo, cuando ya no podía encontrar nada más, se alzó una roca gigantesca. Tenía boca y ojos y hablaba con un corazón de hojalata incrustado en el centro. Debía medir unos cuarenta pies. Por un momento creí que podría devorarme. Se limitó a contarme que, detrás de todas las montañas metálicas, había un mundo nuevo.
-¿Nuevo? -pregunté.
-A veces lo nuevo asusta -dijo.
Yo observaba el corazón metálico, que, al bombear, recreaba esos sonidos enigmáticos. Todos esos crash y crus y bis y tizssss... todos esos sonidos tan escasos como diferentes, abstraído por completo de mis pies y los ladrillos amarillos.
 -¿No  te parece infantil?
-¿La historia?Mucho. Pero todas las historias van hacia algún lugar y no son siempre para niños o adultos, en ocasiones se mezclan tantas equivalencias con la rutina que nadie puede decidir con imparcialidad si dejarlas de este o aqueste lado, esa es la virtud.
-¿La virtud de qué? -pregunté, inocente como un querubín.
-Pues no sé... la fina línea que separa los cuentos del relato para adultos; síguela y tal vez te encuentres en un motel de carretera.
A punto de protestar intuí que aquel ingenio exraterrestre tenía los días contados.

(c) Raquel Sequeiro, 2013

lunes, 21 de enero de 2013

Fantasía en verde

-Mental, armamentístico y surrealista. Su corazón en un museo embalsamadoo y el elefante en el tejado del último edificio que dejaron en pie esos talibanes.

 -No discutas,querida. El holocausto de los Greemchmans fue mucho peor; la dispersión de los hombres cebra; el dominio de la raza Gloop... Quimera, esto es todo lo que queda de Marina. Está en la pantalla de este ordenador. Nada más. Nos vamos.

sábado, 15 de diciembre de 2012

ZOOM


El perro que esperaba en la puerta moviendo la cola y yo sin saber si lo que tenía que hacer era dejarme la piel intentando escribir mi novela o dejarlo ir. Él y yo nos conocemos, es obvio, lleva conmigo toda una vida, de contenedor en contenedor. Puede que, algún día se me pase el hambre y el frío, puede que algún día... Mientras, espero sentado en el banco del parque. No he comido nada en unos cuantos días. La verdad es que no noto nada en las tripas, ni siquiera me llama la atención el olor de el trozo de pizza de pepperoni que la chica de los pantalones ajustados engulle a toda prisa camino del trabajo. En realidad tampoco me fijo en los pantalones, en los zapatos caros y en el cochecito de bebé que pasa veloz perseguido por el tipo de las mallas.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Con un poco de magia (En las clases de Azul Celeste)




-Si no dejas de pensar, redefiniré todas las estadísticas. No pienso en colores.
-¿Y qué? No agites.
Dejó de agitar el tubo, pero aún así la explosión se escuchó a kilómetros de distancia. Los egipcios no tardaron en abalanzarse sobre la tumba de Tutmosis I.
-No es una maldición. Ni que tengas la cara negra. La próxima vez controla la dosis de dinamita. ¿Salimos?
-Volando. Dos o tres mil de sus ejércitos . Fantasmagóricos. ¿Entiendes?
-Lo entiendo todo. ¿Pero deberíamos avisar de que no estamos a salvo?
-Claro, a todo Scotland Yard. Deberías haber tenido en cuenta el gráfico
-Qué está en blanco y negro, ¡joder!
-Pues nos piramos. Sacúdete el polvo y levanta las piernas con cuidado de esa roca.

Se cayó media cueva, tuvieron que bajar por los conductos del aire y ciento cincuenta mil soldados del faraón Amenhotep III les dijeron hola.
-Lo que no te enseñan en las clases de física cuántica.
-¿Y cómo sigue esto?
-Luego te lo cuento. Pulsa.


[...]

miércoles, 17 de octubre de 2012

some witches (El pescador)




Debajo del letrero de la lechería, un piso por debajo, en la casa pequeña y acogedora de las hermanas Flop, vive un colmillo de sapo. Alguien me explicó una vez qué es un colmillo de sapo.

Los de la lechería no quieren bajar el piso a menudo; han colocado una escalera en el lateral de la casa para no encontrarse con colmillo de sapo. Alguien me explicó una vez quien era Colmillo de Sapo. Jeremías y `Salitre´ se descuelgan por la ventana ( Todo esto antes de la escalera de mano y las perrerías de la mascota de las vecinas, las dos hermanas gruñonas y extrañas del piso de abajo de la casa de dos pisos, en la urbanización de los Arces Celeste y los Picos Bajos). La lechería ha pertenecido a sus padres, y antes a sus

sábado, 4 de agosto de 2012

DAWN

Estaba sentada en la acera, con su falda de cuadros y sus botas altas. Sentada en la acera, mirando la esfera del reloj, pacientemente. Le gustaba mirar a ninguna parte, contentarse con el ruido de los coches, dejar pasar el tiempo, pasar el tiempo, pasar el tiempo... Era como una cancioncilla absurda: mirar el reloj, volver a mirar el reloj, (bis), coro... Una cancioncilla absurda, pero no tenía ninguna prisa. No tenía ningún lugar a donde ir, por lo tanto, prácticamente, nunca tenía prisa.


El sonido sincopado del reloj de la iglesia le abrió desmesuradamente los ojos un segundo, o una décima ( decimonónica) vez. Alba era así, y todo lo demás era producto de la mente de Alba, incluidos los relojes.

lunes, 16 de julio de 2012

ZOOM



El perro que esperaba en la puerta moviendo la cola y yo sin saber si lo que tenía que hacer era dejarme la piel intentando escribir mi novela o dejarlo ir.



Él y yo nos conocemos, es obvio, lleva conmigo toda una vida, de contenedor en contenedor. Puede que, algún día se me pase el hambre y el frío, puede que algún día... Mientras, espero sentado en el banco del parque. No he comido nada en unos cuantos días. La verdad es que no noto nada en las tripas, ni siquiera me llama la atención el olor de el trozo de pizza de pepperoni que la chica de los pantalones ajustados engulle a toda prisa camino del trabajo. En realidad tampoco me fijo en los pantalones, en los zapatos caros

lunes, 16 de enero de 2012

Aurora







Estaba sentada en la acera, con su falda de cuadros y sus botas altas. Sentada en la acera, mirando la esfera del reloj, pacientemente. Le gustaba mirar a ninguna parte, contentarse con el ruido de los coches, dejar pasar el tiempo, pasar el tiempo, pasar el tiempo... Era como una cancioncilla absurda: mirar el reloj, volver a mirar el reloj, (bis), coro... Una cancioncilla absurda, pero no tenía ninguna prisa. No tenía ningún lugar a donde ir, por lo tanto, prácticamente, nunca tenía prisa.

martes, 18 de octubre de 2011

NY(in)Color

Tenía mucho sueño y una capacidad innata para tomarse tres cafés seguidos de los cargados y sin azúcar. Había meditado en las consecuencias del viaje toda la noche, principal y fundamentalmente en los beneficos que pudiese traerle; no se paró a pensar en si mismo, aunque esto suene a incongruencia. Esparció el pelo del flequillo por la frente en uno de esos ademanes suyos, que causaban irritación a la mayoría de la gente por la vehemencia con la que la mano removía los mechones castaños y lacios; nada de eso importaba en la carretera y en el espacio que delimitaban los surcos pintados a modo de rayas de cebra

lunes, 18 de abril de 2011

Las dos muertes

La sangre le goteaba de la nariz.

Sólo quería estar sano, pero la muerte, traicionera, no dejaba su cama, su casa, su vida. Ganaba por goleada: le había arrancado el cabello, estrujado los ojos, le había succionado la carne hasta dejar únicamente los huesos.