Mostrando entradas con la etiqueta El relojero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El relojero. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de febrero de 2012

El relojero 6 (Aleatorio)



-Ella... ¿quién es ella?- El relojero se quedó pensativo, con las manos lacias frente a la mesa, con el reloj a medio terminar importunándole muy cerca.- Ella no es nadie, nadie más que tú, quiero decir.

Argentus no se sintió muy cómoda con la respuesta. Retocedió, miró a la mujer extraña y se encogió en un rincón. El relojero desapareció entre una nube de luz y de polvo; el relojero desapareció tras la mujer de la rosa de sangre y la cara entumecida, y todo lo demás reapareció en cuestión de segundos: la casa, sus escaleras, sus sonidos, sus flores, sus plantas y todas sus rosas verdaderas.

domingo, 12 de febrero de 2012

El relojero V



El problema era que, cuando a Ana le molestaban las cosas, Ana molestaba a las cosas. El problema eran los miserables obstáculos, las ratas que proliferaban a medida que abandonaba la seguridad de su casa, los cantos de los pájaros en sus jaulas, el reloj escurrido, entumecido, silenciado por las ruedas del coche plateado.


¿Tienes hojas en blanco, hojas? Tienes tu mente y la soledad de la carretera hasta la Ciudad Blanca. ¿No

jueves, 9 de febrero de 2012

El relojero IV


Y, al salir , pensó cuan diferente era todo, lo rápido que olvidaba la imagen del hombre y el color de las paredes.

La advertencia resonaba en su cabeza. Pensó que en realidad no necesitaba el reloj, pero estaba decidida a cambiar las cosas, a cambiar el pasado, a cambiar, a cambiar perpetuamente todas las veces que fuera necesario. Quizás no era lo suficientemente lista, o lo suficientemente valiente. Puede que, de regreso a la casa vacía, se fuese sintiendo más y más sola, más y más pequeña e insignificante. Puede que pensase que

martes, 7 de febrero de 2012

El relojero III



Y, cuando llegaron, Ana no se conformó con llegar: Le pareció la habitación su casa, la casa del relojero, la suya, e, impaciente, buscó con la vista un reloj en las paredes desnudas.

-No es lo que esperabas, pero es- dijo el relojero cerca de la entrada sin puerta.

-Pero yo esperaba...

-No sabes nada y nada debes saber sobre el tiempo, excepto que el tiempo no existe- dijo el relojero.

viernes, 3 de febrero de 2012

El relojero II

Días atrás había visitado la Ciudad blanca, una ciudad futurista, domótica y perfecta, con sus reglas perfectas, anclada perpetuamente en la cuarta dimensión. Había previsto las consecuencias, creía. Un reloj de los otros servía para medir, pero Ana no quería un reloj de los otros, de modo que consiguió un visado, uno de los caros, de los que le hacen a uno hipotecar la casa, los niños, la ropa del armario y hasta la mascota del vecino.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

El relojero (1)

La ventana estaba abierta y sus ojos cerrados de par en par. Las ramas golpeando en los cristales. Un estallido tras otro, un gemido, un quejido, un crujido imperceptible entre el viento y el amasijo de hojas arremolinadas a los pies de la casa.


El niño se había dormido. La jaula de los pájaros no cantaba. El agua goteaba del grifo del baño.



Bajó los escalones, hundida en la bata marrón. Sus pies obviaron un trozo de cristal roto al entrar en la cocina, se perdieron, uno por uno, en las baldosas amarillas, en el olor del café que surgía de la alacena, la mano brotando del bolsillo para coger el paquete cerrado con una pinza de plástico naranja para bolsas.