En el bosque, tras tantos árboles dormidos, los árboles del bosque antiguo, estaban los pequeños. Todos ellos eran el mismo, una repetición de las mismas células, la misma secuencia genética... Y así descubrió que no eran idénticos y que no podían serlo por un motivo simple y conciso: porque los había construido primero en su mente y la mente siempre crea secuencias distintas.
Claudio la seguía unos pasos por detrás, embaucado por el color rosa de su pelo.