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domingo, 17 de febrero de 2013

L


-¿Dónde lo viste?
-En La Colina del Lobo, donde sólo ellos pueden quedarse.No sé cómo, el lugar se lleno de cadáveres, si no era un cementerio y el vigilante portaba una luz cegadora. Sin embargo, sé que los hombres no han dejado que pasen.
-¿Tú crees? -Sonrió. Dos enormes colmillos centellearon en la noche bajo la luz.

sábado, 9 de febrero de 2013

Muñecos mecánicos



-Hummm....¿Y qué pasó con los relojes? Buena pregunta.
El rey se atusó la cola y el ratón movió los bigotes.
-La ves dormir el plácido sueño; cuando despierte, la luz de la noche en sus párpados se colará...
-Parece un acertijo.
-Y acertijo es-. Enmudeció el rey.

..... Ni continuación, ni acertijo, lo que lees es un fragmento, sujeto a modificaciones. En El relojero hay un primer Fin.

miércoles, 6 de febrero de 2013

La bolsa


Hundido en su vómito, se dio cuenta de que los colores cambiaban lentamente. El verde de la hierba húmedo y frío... ¿Qué le parecían los colores? Escuchó unas palabras al otro lado de los setos; se le revolvió el estómago y vomitó. Alguien planeaba el asesinato del hijo de los Brownin con todo detalle. Su voz se oía quejumbrosa. No sabía si estaba lo suficientemente borracho para quejarse. Al entrar en casa, esa noche, el rosa de las paredes le pareció demasiado intenso y luminoso, con la luz brillando sobre Violeta Él se puso la mano en la cara a modo de visera, y,  tambaleante, manchó la moqueta.
-¿Has traído lo que te pedí?
La bolsa se arrastró con su mano izquierda.

domingo, 27 de enero de 2013

Muñecos mecánicos


Era el descendiente de una larga estirpe de jugueteros: Entre el siglo XII y el XVII, todos habían sido famosos, August sólo era August. August vivía en un sótano y se alimentaba de sandwichs. August había sido sacerdote, carnicero, cartero y trovador en la Isla de  Pascua. August tenía ciento quince años.
-¿Tantos?
-No eran muchos.
-No eran muchos, si tenemos en cuenta que vivió ciento cuarenta y cuatro; pero quién era August.
-Abre el documento.
-Sólo 2000 páginas en pdf, no creo que tarde en leerlas ni dos semanas. ¿Aquí encontraré las respuestas?
-Sí. Posiblemente. August construía muñecos mecánicos.
-Pero los muñecos mecánicos existen desde
-Sí, lo sé -imterrumpió-. Desde los albores.
Cenicienta se sonrojó.
-Son ya las doce, Cenicienta, y tu lecho te espera. Mañana podrás leerlo.
-Pero -protestó Cenicienta frunciendo el ceño.
-No arrugues el ceño que no te querrá ningún príncipe.
Cenicienta rió y se cambio la ropa. El camisón le llegaba a los pies, se abría y se extendía tanto que no podía caminar.
-Me recuerda a algo -dijo Cenicienta, mirando hacia abajo; y se sintió pequeña. Pequeña y conmovida por la historia. Conmocionada por el asesinato del juguetero. Se tumbó en la cama, se arropó entre las mantas, se tiñó de rosa su pelo y se mojaron  los labios de crema de fresa.

-Cenicienta -susurró el ratón-. Yo sé que le sucedió al juguetero, y conozco desde hace mucho como son sus juguetes. Dame un lápiz -el ratoncito arrastraba un papel gigante.
-Déjame espacio, ratoncito. Pretendes ocupar toda la almohada.
-Nunca, jamás, toda la almohada es muy grande.

Se durmió Cenicienta sin querer, y el ratoncito se fue a buscar al hada de los cuentos.
-Duerme a pierna suelta y , sin embargo...
-Le ha contado que fue asesinado, ¿cierto?
-Cierto -dijo el ratón.
-Pues sube rápido, ratoncito, o la princesa tendrá pesadillas. No las tendrá hoy, ni ayer, ni antes de ayer -. El hada voló lejos, se alejó del árbol de hojas brillantes y rojas y tronco de asfalto.


-¿Y qué pasó con los relojes?

domingo, 11 de noviembre de 2012

Aurora (II) [fragmento]



Aurora se levantó del asiento dejando un reguero de polvo y cenizas. Era un ave, una de esas extrañas, armoniosas de bellas facciones que vivían en Las Islas del Alfabeto. Aurora cobró vida en un instante, a la intemperie. Se acercó Alejandro - y Lucas-. Dejó la libreta en el suelo. Las campanadas, las malditas campanadas con su velo de muerte. Dejó de ser un pájaro. Lucas y Alejandro la siguieron. Penetraron con ella en el instituto.
-Penetrar, de la palabra penetraribus. Latín antiguo.
-Eres gilipollas. Las clases de latín... Si supieras algo..
-Es un internado. ¿Se supone que tiene que gustarme, y todas las clases?
-Todas -dijo Aurora.
-Bien, pues dime cómo cambiar el reloj.