viernes, 30 de diciembre de 2011

Pasos



Sigo tus pasos un rato hasta el piso superior de la casa de muchos pisos, dejando atrás los espejos de la pared, incontables, uno tras otro; mis pies se posan en cada paso, mis manos reposan en el tacto de la barandilla suave y lisa, y el aleteo de los pájaros milagrosos en sus jaulas de oro, sin canto ni trino, se estrangula entretanto a cada paso. La escalera se angosta, y tú, recuperado de tú debilidad, me dejas atrás en un suspiro; te pierdo de vista en una de las vueltas; observo arriba, te veo lejos; te grito, pero ya no me escuchas. Lo pájaros en su aleteo -blancos, sublimes, luminosos...- no me dejan ver el aire, el cielo que rodea la escalera, espiral de sueños vívidos y lúcidos; el suelo translúcido que me asusta y consigue que vacile a cada
paso, aun cuando no dejo de mirar al infinito, allá donde te has perdido, lejos, muy lejos... No obstante, al llegar -al final- te escucho sentado en el salón de los días grises; el teléfono repiquetea con su sonido de lluvia, la armonía de los pájaros se ha dormido... los jodidos pájaros dormidos, con su jodido aleteo dormido; en dos pasos estoy junto al sillón, restregándome en tu pantorrilla dormida... recordando que no he conseguido cazar ni uno solo de los malditos pájaros sublimes... Ja!

2 comentarios:

Pedro Aros Castro dijo...

Parece estar todo al alcance de la mano y la memoria no logra atrapar nada, para nuestra desencanto, un placer Raquel
felicidades
un abrazo

Raquel Sequeiro dijo...

Sí, eso parece, observa, pero no atrapa. Intentaré yo atrapar lo que escribes y retenerlo en la memoria ;)

Un abrazo