-¿Sabes cuál es el secreto?
-¿Qué secreto?
-El secreto del pájaro de fuego: No tiene alas y puede volar. No tiene corazón: lo cierto es que puede amar. No tiene alma, aún cuando su espíritu vuela. ¿Sabes ahora cuál es el pájaro de fuego?
Yo no sabía cuál era el pájaro de fuego, desconocía porqué al mirar dentro de sus ojos observaba mis miedos, no comprendía quién era, en absoluto. Era un secreto y todos los secretos pueden desvelarse, todos los
caminos pueden recorrerse en un único sentido.
Me aturdía la sensación de estar buscando, sentía escalofríos, el aire acondicionado de la oficina me ponía la piel de gallina. Hace mucho que dejamos de preguntarnos quienes somos; nadie ha dejado de preguntar por el secreto, ese algo que sólo yo sé, aunque, impertinentemente, sea él quien me pregunta con constancia, casi por aburrimiento. Bostezo, me recuesto en el sofá de tela, me inclino hacia un lado y le observo.
Donde está el pájaro de fuego, está el secreto, sólo tienes que encontrarlo.
Y esa respuesta me deja un tanto frío, tullido, aburrido y monótono; su respuesta sin pregunta, su mirada sin respuesta, su juego, su respiración, el aleteo de sus pestañas...
Je t'aime.
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