En la calle oscura la chica encendió un cigarrillo, el último que le quedaba, el último en bolsillo del pantalón vaquero, los últimos extraños presentimientos. La bala se acercó por la derecha; el minúsculo proyectil pasó a través de su pelo, de su sonrisa naranja y de su mutismo. Nunca comprendería que hacía complicado estar muerta, por qué su cabeza parecía estar hecha de titanio.
- No hay forma, eso ya lo he intentado.
-No con el hacha.

-Deja el hacha, coño, que así no vamos a ninguna parte.
-Indestructible, el problema es que te crees indestructible, mejor, mejorada absolutamente.
-Modelo 3/0/48- dijo.
-Parte de lo que eres se lo debes a los experimentos militares y el resto...
-El resto es historia. ¿Tienes un puto cigarrillo?
El soldado la observó detenidamente, con el fusil en la mano, apuntando de nuevo entre los ojos.
-A mí no me parece un juego divertido, al menos no uno en el que se pueda ganar. [...]
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