lunes, 18 de junio de 2012
Erik-A
Las sombras alargadas no se detuvieron.
Erik-A se preguntó durante un rato dónde estaba la luz roja. La esfera goteaba un líquido caliente y espeso, que le resbalaba por las manos pálidas y huesudas.
-Está rota- se quejó Erik-A.
-Era previsible- dijo Erik.
-¿Dónde estamos?
Erik-A echó un vistazo a su alrededor. Las paredes de la casa g´tica ya no estaban; la enorme puerta de la entrada había desaparecido, los seres de luz, alargados e incompletos, desvanecidos, y la esfera rota. Erik-A abrió la mano, flácida junnto al costado derecho. La bola agujereada rodó hasta golpear el muro metálico.
-¿Qué haremos ahora, Erik? Con esto podemos volver- señaló la esfera en el suelo, expulsando el líquido que quedaba a impulsos concisos.
-No lo sé. ¿Tienes el intercomunicador?- Erik se acercó a la chica. Los cristales de las gafas estaban estallados, el color rosa difuminado y los ojos de Erik-A ya no brillaban-. No es necesario pensar ahora. Sólo podemos esperar. Y arreglar el maldito cachivache.
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