sábado, 16 de marzo de 2013

La casa


Destrozó con los pies el horno. Se acercó a la marmita. Los niños no habían caído, pero ¿acaso había caído la bruja dentro del horno? Un túnel se abrió y engulló a Catalina Haren Bustrop. La dejó en su lecho, en esa cama, que, veinticinco años antes, había sido parte de su hogar. Se acercó el carnicero. Olía a sangre y a tripas. Aquello no le gustó nada a la pequeña Catalina, quien, a partir de entonces optó por el dulce. Su silueta no engordó ni un centímetro y todos creyeron saber qué le depararía el futuro.

No hay comentarios: