sábado, 3 de agosto de 2013

En la ciudad del Relojero Loco ( I )

El  último reloj se durmió y la princesa Aurora se quedó sorda, ciega y muda. Quien dijo que el hada Maléfica la hechizó cien años desconoce cuantos estaban en la sala de los relojes y cuantos relojes se pararon:  Todos, menos uno, se habían parado ya, casualidad fue que, al salir la enfadada mujer  vestida de negro, el último reloj dejó de funcionar y hasta el último tonto del salón creyó que el tiempo no pasaba. Vivieron cien años, sentados y apolillados, rendidos por el sueño en el suelo, esperpénticas figuras, que, al despertar,  desconcían si dormían o no y seguían durmiendo. Así fue que Aurora se convirtió en  la única superviviente, por ser la más joven.
Llegó un agente de seguros a cobrar los débitos por el castillo y creyó Aurora que era un príncipe  y, dándole un beso, cayó muerta. El hada acudió al castillo, vestida de blanco, al oír los gritos del cobrador del frac y del último bufón de la corte, reanimó a los relojes, a cuantos al mismo tiempo no habían sonado, y tal era el estruendo y tal el ir y venir de los seres del castillo que cualquiera diría que Aurora era Alicia.. En realidad, un conejo cruzó la sala a toda prisa y la reina señalo y gritó : ¡Cójanlo, cójanlo, estropeará mi campo de criquet! ; se sentó a tomar el té y dejó su sombrero en su lado de la mesa. El rey y la reina instauraron así la monarquía absoluta y fueron felices comiendo perdices. El leñador se dedicó a buscar a Blancanieves y Aurora se dio cuenta en un espejo de que los años no habían pasado en balde para ella tampoco, por lo que pidió ser hermosa y el espejo le concedió tal deseo. Con sus imperecederos y bellos ciento diecisiete años sigue intentando matar a Cenicienta, el Conejo Blanco se ha perdido por los túneles , y la otra personalidad de la princesa  no sabe si duerme al pie de un árbol o persigue un reloj de bolsillo sólo por curiosidad. La Reina Blanca o la Bruja Blanca, como algunos la conocen, perdió su zapato de cristal justo antes de que sonaran las doce en la enorme ciudad del Relojero Loco. Su boda se celebró a la pata coja y con el príncipe completamente desaparecido, misteriosamente.

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