miércoles, 26 de diciembre de 2012

En la tienda de Casi-Tom Holl


Es impensable, Casi-Tom Holl, que la niña se haya llevado una muñeca. Es tétrico, Casi-Tom Holl.

Casi- Tom Holl no dijo nada. Volvió a la parte de atrás de la tienda y siguió fabricando muñecos de paja. Rebeca acudió a la tienda de Casi-Tom a la mañana siguiente. La muñeca había crecido tanto, tanto, que ya no cabía en la casa. Había crecido en edad, lo cual era bueno, porque acompañaba a su hermano cuando ella estaba en la escuela, pero había crecido en tamaño, lo cual era malo, porque ya las piernas salían por las ventanas, y el pelo por la chimenea, y allí no cabía ni un alfiler. Tom Hollow le cambió la muñeca por un tren que le llevaría a cualquier parte. ¿A cualquier parte que yo quiera, pregunto Rebeca?

-A cualquier parte. Lárgate.
Rebeca pensó en ir a Normandía. Rebeca pensó en lo siniestro que era a veces Casi-Tom Holl.

Regresó a Hollow veinte años después. Tom no estaba. Salió un chico de cabello espeso, con vaqueros, zapatillas y una camiseta roja estampada. I hate you so much, stupid... Rebeca le pidió un hombre de paja.
-De esos no tengo.
-Pues tu padre hacía muchos.
El muchacho esbozó una mueca.
-Tantos que se olvidó de cuidarme, y a mamá. Mamá está en... Se me ha olvidado.
Y es que, Casi-Tom Holl, descendiente de una larga estirpe de jugueteros, finalmente, había conseguido fabricar un hombre de paja perfecto.

2 comentarios:

Pedro Aros Castro dijo...

Un cambio menos molesto y casi como si fuera un genio, que cumple tus deseos
pase a recorres tus letras y desearte unas felices fiestas de fin de año Raquel
un abrazo

Raquel Sequeiro dijo...

Un abrazo ;)Yo también he pasado a leer. Feliz noche.