Ese intenso momento en que pude describir la ira y no quise hacerlo, cuando la sentí como una bola ardiendo en el estómago, cuando dejé que succionara mis vísceras y mis entrañas, cuando quedé golpeada y aterida, merced al tiempo y los malos deseos. Yo creo mi propia realidad, en cada movimiento, reina de mi tablero a cada paso, descubro que el suelo irisado y desnudo me nubla la vista, que no escucho los sonidos de la calle, los coches a través de la ventana cerrada.
Una vez, en un país lejano, creí ser otra persona; medité en los cambios, me desvelé incrustando un caleidoscopio de sueños en mis fantasías, y, al despertarme, me descubrí en otro lecho, entre inconstantes respiraciones que se retorcían a mi alrededor, como sombras. Las sombras se fueron, dejaron paso a pequeñas gemas de colores, que se fundieron dentro de mis ojos.
"No sé si recuerdas que un día te hablé de mí, del dolor que me laceraba la mente. No sé si sabes que te mentí innumerables veces, que lloré de ira, que me derramé entre tus brazos como lava ardiendo y tú no te quemaste. No sé si recuerdas..."
En todos esos momentos en los que creo verme, el fugaz reflejo en una superficie oscura, me impide reconocerme. Sólo es una pesadilla, un haz de luces brillantes y tersas, la sensación intensificada del pánico. No he vuelto a bajar a ese sótano. No he vuelto a hablar con las criaturas que se avalanzaron sobre mí entre la nieve una noche, entre el aullido de los lobos, en el bosque solitario, avanzando sola en busca de Ann.
Ann sólo es un recuerdo, un lugar a donde ir cuando me siento sola, cuando las puertas se cierran, cuando tengo frío. ¿Lo conoces? ¿Eres capaz de imaginar un espectro dorado de nubes azules ahogadas en líquido verde? ¡Un universo de estrellas perfiladas por la punta de un lápiz romo de dibujante!
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