A,B,C,D... y no dejó de recitar así en un rato, la conmovedora colección de letras del abecedario. Si tener cinco años no era una ventaja, que alguien se lo dijese a los 26, después de tres años en Francia, Paris, La Sorbona, perdidos 'obcecadamente' o con obcecación.
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| Dibujo de Jordi Labanda |
Lo cierto es que había aprendido a combinar una boina con un cardigan de medio punto y una Harley casi por estrenar, la de su novio -ex novio-, con unos stilettos de suela roja. Marisa no se llevaba muy bien con las
circunstancias, pese a todo: su imagen exterior no se correspondía con sus ideas traviesas y trangresoras, su maneras de "niña bien" ocultaban su origen con una facilidad pasmosa, y el resultado de todo aquello le fastidiaba, porque creía no encajar en ningún sitio. Y fuese por este pequeño detalle de su pensamiento, o porque en realidad se trataba de un ser sobrenatural, Marisa no se acercaba ni de lejos a las parisinas, a las españolas parisinas o a cualquier otra clase de chicas parisienses. Los chicos parisienses sí se fijaban en Marisa, en sus formas suaves, en su sonrisa tímida, en el pelo pajizo y anaranjado, en su cara nívea y en los movimientos de sus manos, sin olvidar nunca sus tetas, sus caderas o su culo, porque, nuestra chica de NoParís tenía tantos atractivos que... Una chica más entre las chicas inteligentes, atractivas y sensuales, tan seguras de sí mismas, que no pisan una baldosa sin saber donde ponen el pie. Pero todo esto, Marisa, Mar, Mar gris o azul o rojo... de todo esto, ni idea...
circunstancias, pese a todo: su imagen exterior no se correspondía con sus ideas traviesas y trangresoras, su maneras de "niña bien" ocultaban su origen con una facilidad pasmosa, y el resultado de todo aquello le fastidiaba, porque creía no encajar en ningún sitio. Y fuese por este pequeño detalle de su pensamiento, o porque en realidad se trataba de un ser sobrenatural, Marisa no se acercaba ni de lejos a las parisinas, a las españolas parisinas o a cualquier otra clase de chicas parisienses. Los chicos parisienses sí se fijaban en Marisa, en sus formas suaves, en su sonrisa tímida, en el pelo pajizo y anaranjado, en su cara nívea y en los movimientos de sus manos, sin olvidar nunca sus tetas, sus caderas o su culo, porque, nuestra chica de NoParís tenía tantos atractivos que... Una chica más entre las chicas inteligentes, atractivas y sensuales, tan seguras de sí mismas, que no pisan una baldosa sin saber donde ponen el pie. Pero todo esto, Marisa, Mar, Mar gris o azul o rojo... de todo esto, ni idea...
[prometo in-titular, etiquetar.................. continuar..... aaaiiiiiiisssss.......]

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