Un hueco, un hueco en la pared y un mastodonte inquieto deslizándose entre todo ese tráfico lento y fluido. Rebasaba todos los elementos que pudiera haber en su cabeza. Dormido, con la cabeza recostada sobre un alfiler, se preguntó si era demasiado pequeño para comprender. '¡Un agujero, aquí, aquí, en un sitio que no puedo comprender!' -chilló.
-¿Y qué le contestó el calcetín?
-Que estaba demasiado loco para comprender nada.
-¿Y el alfiler?
-El alfiler comprendió, muy sesudamente, que era pequeño en tamaño, pero que su mente era grande.
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| Ajedrez de Castelar |
Espachurramiento con riesgo de paro cardíaco.
-¿Qué te dije yo, caballo?
-Que la partida no se gana si no aprendo. ¿El hombre aprendió algo?- preguntó el pequeño caballo negro.
-Mucho-y enumeró cosas-: Aprendió a conducir en silencio, a no saltarse los semáforos en rojo y a dormir en su cama y no soñar con alfileres.
-¿Qué hacemos?, ¿lo dejamos dormir?
-Schhh...-dijo la reina, y se apartó a su lecho, cerca del tablero-. Despertaréis a todo el tablero y todo por un hombre que sueña.
-Que duerme, diría yo -dijo el alfil.
-Que ronca. Diría yo -dijo la torre.
-Que...hmmm -. El peón no supo que decir -.Se le cerraron los ojos, y pronto empezó a comprender que el señor de la cabeza de alfiler tenía pesadillas.

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