domingo, 8 de septiembre de 2013
Flores
El niño cayó por la vertiente del tejado. Margot sacudió la cabeza y empezó a perder el pelo en mechones que flotaban con el viento y se dispersaban y danzaban, revoloteando entre la ropa tendida, convertidos en flores. Rafael lloró por la muerte. Nadie debía morir, y... un niño... La adulación hacia su señor cayó. Margot abrió los brazos, los extendió hasta el infinito, describió con ellos círculos amplios, como bailando. Loca, se dejó caer por la cornisa del mejor pararrayos de todos los tiempos. Nube de plata supo que nunca dejarían de encontrarse, fuera donde fuese.
Y, ahora, todo es celular, artificial, técnico, poco digestivo.
-¿Te refieres a la comida, tipo?
Margot seguía girando hasta el vómito.
-¿Resucitó el niño? -pregunto el compañero de mesa.
-Nunca cayó en realidad -contestó Víctor, luego se ciñó a consumir los espagueti.
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