Revolvió todos los cajones del estudio.
Se estrujó un pañuelo en la frente al terminar, se aflojó el nudo de la corbata, encajado en el sillón como una merluza. Atisbó por la ventana si su vecina Marta Pegie seguía atareada con los preparativos de la boda. apenas alcanzó a ver un trozo de velo. Y no encontraba la dichosa invitación, y le envenenaba la sangre volver a pedrsela. Desde que eran amigos, George y él, nunca había olvidado nada; ahora, como por descuido´, las cosas desaparecían de sus anaqueles, los libros estaban revueltos y los cajones vacíos e impolutos. De cuando en vez, los papeles flotaban y él tenía que salir corriendo detrás, porque sino se iban volando por la ventana de la cocina, abriendo los ventanales con esas patitas impropias de papeles serios.... ¡Pero qué digo? Impropias de cualquier clase de papeles: Se habían amotinado hacía tiempo en la cocina y no le dejaban abrir la nevera. Marta Pegie se llevó en coche a George, a su mejor amigo. Leginstein no tardó en salir, un tanto demacrado y bastante muerto, sin invitación y totalmente deprimido, para disfrutar de la boda.
Tardaron días infinitos en marcharse; se juntaron con primos, tíos y ratones que habían pertenecido a sus ancestros o que pertenecían . "Tremendo lío que me estoy haciendo", pensó Pep Leginstein. "Yo no tenía que estar aquí".
Hace días que observó con los binoculares, que atisvo los movimientos de mi vecina, hace días decidí que, si no aparece la invitación, le corto la cabezaz al muñequito de la tarta.
-¡Pep! ¡Por el amor de Dios!
Es Pëgie. Me cuesta definir su rostro mientras mira horrorizada a mi cara manchada de rojo, a las dos manos descuagiringando el monigote, que aún no sé si es comestible y, que si es comestible, me lo comeré. Las damas de honor hacen la vista gorda al entrar en la cocina; oigo murmullos en el salón de baile.
-Nadie. Escúchame bien, Pep Leginstein. Nadie había hecho por mi algo tan espantosamente ridículo.
Nadie, qué, cómo.... me da por pensar. En la mano derecha retengo la cabeza de mi amigo George, es cuestión de tiempo que la lance hacia la ventana abierta. El hecho de que para Pegie sea una declaracion de amor, me ha dejado confuso.
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