viernes, 6 de diciembre de 2013
El código
En el relleno goteaban vientos de lágrimas artificiales. Caroline Jensen encendió la linterna y contempló los ojos abiertos de Múseo, puso sus manos cálidas alrededor de su cuello y sintió, al calor que todavía quedaba, y le arrancó los circuitos, unos cuantos exteriores y luego nada, incorporó el órgano en la caja torácica, lo programó para las seis y un poco después salía en su auto camino de Tijuana. El gato maulló en el asiento del copiloto, la mujer aminoró la marcha, aparcó con negligencia en una gasolinera, mientras se llenaba el depósito pensó en su deportación hacia Turkia. La decisión de enviarla al ojo del huracán no era al azar, la mujer se jugaba su supervivencia. Dejó al pequeño minino en casa y regresó al coche, dispuesta a descubrir como resucitar a Mario sin el código. Mudsen esperaba entre las montañas y ella cogió un avión hacia Siria.
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