miércoles, 6 de febrero de 2013
Acceso restringido
En la puerta del castillo, a la izquierda de las vetustas escaleras de mármol y antracita, el letrero indicaba acceso peligroso. Yo lo consideré restringido. Me aproximé por el pasillo y entonces sentí un zarpazo. Los ojos saltaron de las cuencas, se vació mi cadáver, las huellas profundas de múltiples desgarrones me dejaron confuso. ¿Estaba muerto? El monstruo estaba reclinado en un sofá, como en los cuentos infantiles, y yo... tirado sobre la alfombra antigua, la misma donde La Buena Reina Bess recibió educación, sobre escritorio y silla. Aún así, no lamento descubrir que la advertencia no era ficticia. Un extraño ser se escondía en la edificación. Contempladlo vosotros mismos cuando visitéis la habitación. Hallaréis al guardián que habita, del asesino púrpura y amarillo, centelleando a la luz de las bobinas.
Publicado por
Raquel Sequeiro
en
20:23
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Etiquetas:
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